Biyu ([info]biyu) wrote,
@ 2004-02-23 18:04:00
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Mi poco conocida carrera cinematográfica

Prólogo

Miau...

Buenos días...

Hoy me siento tremendamente felino. Con ganas de estirar las garras sobre tu alfombra y rozarme con tus piernas pidiendo agua. Con ganas de clavar mis ojos azules sin pupilas en tu mirada hasta hacerte enrojecer y bajar la vista. Felino, como la vida misma.

Brrrr...

Este es uno de esos días absolutamentes decadentes, en los que uno cree ser el Anticristo vestido de Armani. Un día en los que uno no piensa más que en disfrutar de los placeres de la vida y dejarse llevar, tocando la lira y bebiendo Muga mientras Roma arde en llamas, Manhattan salta en pedazos bajo el peso de toneladas de selenita y Caperucita se la pega al leñador con el lobo -en la cama de la abuelita, mire usted.

Mientras escribo esto, mi gato se ha subido al escritorio de un salto y ha comenzado a tamborilear con su rabo sobre mi scanner de mesa, como si supiera que me estaba poniendo en su piel para escribir en mi diario.

El cabrón es capaz de pedirme derechos de autor.

Ncht. Ni en un día tan sutilmente anaranjado como el de hoy soy capaz de pasar sin reirme de alguien, y creo que hoy toca reirme de mí mismo. ¿Verdad? Así que aguantad un segundo mientras me preparo un whisky con cola, que en seguida comienza la funcion de hoy...

 

Bueno, dejémoslo en una Coca-Cola, que no está el bolsillo para güisquitos, y menos en lunes...

 

Hay gente que ha nacido para el espectáculo. ¿Gente que parece que lleve un foco constantemente encendido sobre su cabeza y a la que dan ganas de pedirle autógrafos hasta cuando mean? ¡No, por favor, seamos serios! ¡Tú, la chica de los ojos azules, deja de cuchichear y estate atenta! ¡Esa gente NO existe! Si conoceis a alguien así, a quien parece que la vida le sonríe y encima le ofrece cocaína, es mentira, es un dibujo animado: podeis golpearle sin temor a represalias. Eso sí: mandad fotos.

Bueno: a lo que vamos. De lo que estamos hablando es de gente teatral. Yo, aquí donde me veis, he sido tremendamente teatral. Nada, absolutamente nada en mi vida, ha estado exento de mezclarse con el show business. En mi caso, más que con el teatro, con el cine...

¿Vida social? Hijos de un Dios Menor.
¿Carrera académica? Inteligencia Artificial.
¿Gustos y aficiones? Alien.
¿Círculo de amistades? Trainspotting.
¿Relaciones sentimentales? Godzilla.
¿Vida sexual? El anuncio de Movierecord.

Y es que hay gente que más que hablar, declama. Que más que bailar, danza. Que más que emborracharse, se embriaga con el néctar de Baco. Que más que discutir, contrasta pareceres. Y que más que insultar, realiza una crítica medianamente sesgada sobre la deconstruccion del arte que con tan poco éxito y tan poco talento intentas en tu obra.

Y yo he sido uno de esos. Sí, un bastardo de Stanislavsky con ganas de convertir los problemas de Conocimiento del Medio en elegías al sentido trágico de la vida. ¡Y encima me daba por dirigir mis propias obras! Sí, sí, cuando alcancé la pubertad compré mi primera claqueta y hasta bien entrada la veintena no la solté.

Mis primeras películas fueron pequeñas cintas de accion urbana, en los que yo tomaba siempre un papel muy secundario, prácticamente de figurante. Asalto al Camion del Reparto y Metiéndose Con El Tonto de la Clase son de las más recordadas, aunque ciertamente han aguantado mal el paso del tiempo y hoy en día dan bastante vergüenza ajena --aunque he oído algunas críticas que dicen que en su momento ya la daban.

Poco a poco, como buen artista del rollito, fuí buscando mi propio estilo. Yo intentaba hacer tragedias, pero me salían comedias histéricas. Imaginaos a Woody Allen empastillado, y ni os acercais a imaginar mi estilo de direccion.

Por desgracia, fui un cineasta maldito. Ninguna de mis películas fue nunca un éxito, ni de crítica ni de público.

Cómo olvidar cuando estrené Primer Amor en Cannes. Aaaaah, qué recuerdos. Ni una estatuilla. La crítica se quejó de que el actor principal era obviamente un amateur, y el público de que ese final era una forma muy poco sutil de hacer una secuela rápidamente. Secuela que nunca llegó, por cierto.

Oh, y cuando rodé Bronca Descomunal II, un regreso a mis peliculillas de accion. Ahí la crítica se quejó menos, porque apenas se me veía en pantalla: es más, sólo tenía una escena en la que salía corriendo, creo.

¿Y quién no recuerda El Imbécil IX, la que para mí una de mis mejores películas? La verdad es que el papel de paleto lo bordaba, ¿verdad? Pero la crítica la despellejó, para variar: decían que todas las películas de la serie eran iguales y que ya comenzaba a ser predecible la historia de "chico mete la pata hasta el fondo y la caga más al intentar resolverlo". Bah. Qué sabrán ellos. ¡Si dijeron exactamente lo mismo cuando estrené Calabaza XIII: El Desafío!

El público, evidentemente, ya se había cansado. Ni siquiera esos cortometrajes en Super 8 que hice con el nombre de La Saga del Confuso gustaron. La reaccion general solía ser abiertamente negativa:

- No, no, no jodas. ¿Otra vez comienza a comerse la cabeza?
- Buffff, este tío siempre igual, tooodas sus películas iguales. ¡Y siempre dice que esa vez es la última, el cabrón!
- ¿Has visto Quiero Llamar La Atencion LXIX?
- ¿Esa es la de la escena en la que cambia de opinion cinco veces en un sólo plano?
- ¡Eeesa! Bufff, yo me dormí en el cine, tío.

Mi fallido remake de Leaving las Vegas fue el detonante para que se comenzara a hablar del declive de mi carrera en todos los mentideros del mundillo.

Así que decidí cambiar mi estilo, y me vendí al gran público. Sí, me prostituí. Lo sé, es una vergüenza, pero lo hice. Decidí hacer una serie de comedias descerebradas al estilo hermanos Farrely, pero aparentemente no se me daban excesivamente bien. El Gracioso de la Clase parece ser que le gustó más al público, pero la crítica se cebó con ella, considerándola excesivamente artificial y muy separada de mi auténtico sentido del humor. Aún así, la recaudacion no llegó más que para hacer una secuela y para la siguiente película tuve que buscar financiacion externa.

Inquietudes Artísticas tampoco fue ninguna maravilla, para qué engañarnos. A la gente le confundió que tras tantas comedias sacase una obra de cine experimental y no sólo perdí a todo el público que había conseguido con mis payasadas sino que encima la crítica se pasó con ella más de lo normal. El rollito alternativo no era lo mío.

Y creo que debió ser por entonces cuando, tras un pequeño año sabático en el que finalmente mi adolescencia se decidió a irse a buscar a otro pobre desgraciado al que marear, decidí abandonar la carrera de cineasta y decirle adios al séptimo arte. La verdad, la experiencia no me gustó demasiado.

Y hay que reconocer, si me dejais ser brutalmente sincero, que se me daba muy mal. Por suerte siempre hubo un pequeño público fiel que nunca me abandonó --o que por lo menos volvió cuando decidí colgar la claqueta.

Eso sí: casi todos los años saco una nueva película de la saga de El Imbécil. Por los viejos tiempos.




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