| Biyu ( @ 2004-02-07 18:10:00 |
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AMCP
- La verdad es que podrías ser un poco más considerado.
Con cierta desgana, Ricardo tiró al barro el paquete de Chesterfield y miró una vez más a su amigo, que le observaba a su vez sentado en el capó del viejísmo Talbot. Luis seguía devolviéndole miradas vácuas, sin explicarle por qué le había despertado a las tres de la mañana y le había arrastrado hasta la última curva de los Pinares de Venecia. A su izquierda, los cangilones de la noria del Parque de Atracciones gemían débilmente, mecidos por el cierzo que se había levantado durante la madrugada. Ricardo encendió su cigarro cubriéndolo mimosamente del viento y esperó pacientemente una respuesta. Los aros de humo se disipaban en la noche empujados por una mano invisible hasta lo alto de las copas de los pinos. Luis abrió por fin la boca:
- ¿Te acuerdas del Hinojosa?
La mencion de su viejo profesor de física del instituto hizo que Ricardo asintiera levemente, sin poder evitar que una sonrisa nostálgica asomara a su cara. Luis asintió a su vez y continuó hablando:
- ¿Recuerdas cuando nos contaba esas extrañas teorías sobre el Mar de Dirac y sobre la entropía negativa?
- Por supuesto. Estuviste una semana dándome la brasa con ese libro de Jacques Bernier.
- Bergier.
- ¿Eh?
- Jacques Bergier.
Ahora Luis ya no miraba a su amigo, sino que parecía observar con tristeza los cangilones de la vieja noria. Ricardo se encogió de hombros, tal vez algo molesto, y elevó la voz para intentar recuperar la atencion de su amigo:
- Sí, lo que sea. ¿Qué tiene que ver eso con que me hayas llamado a estas horas? La verdad es que me has dado un susto de muerte. Desde que Susana se fue, has estado muy...
- Ese libro. -Luis interrumpió a su amigo, la mirada perdida en el horizonte nocturno.
Ricardo aguardó a que Luis volviera a la realidad, ahora todavía más temeroso de que Luis hubiera descubierto lo que había pasado tres días antes. Luis carraspeó y volvió a mirar a su amigo, su mirada penetrante perforando las arrugas de la frente de Ricardo:
- Bergier hablaba de un... tallo... De un experimento americano para crear un... disipador... de bombas atómicas... abriendo una brecha hacia el Mar de Dirac...
- Sí, lo recuerdo. Pseudo-ciencia, Luis. No es mucho mejor que el Más Allá.
Luis sonrío con ironía:
- Sí, claro. Pero los trabajos de Dirac no son pseudo-ciencia, ¿verdad?
Ricardo tuvo que admitirlo. Mares de energía negativa sobre los que flotaban los universos, o algo similar. Ricardo carecía de los conocimientos necesarios para decir nada más sobre el Mar de Dirac, aparte de lo que había visto en una serie de anime años atrás. Luis bajó la mirada lentamente, dirigiéndola fijamente a los ojos de su amigo:
- ¿Recuerdas a Andrés?
Con cierta cutela, Ricardo asintió, preguntándose hacia dónde iba ahora el divagar nostálgico de su amigo. Luis sonrió y musitó:
- Me encontré antes de ayer con él. Me dijo que no sabía que Susana y tú estuvierais saliendo.
Luis siguó mirando a su amigo mientras este empalidecía lentamente. Así que, en el fondo, su presentimiento era cierto.
- Luis, yo...
Sacudiendo las manos, Luis negó con la cabeza mientras su sonrisa se suavizaba:
- No, no, te perdono. Eres mi amigo, y te quiero.
Ricardo aguantó la respiracion mientras Luis se levantaba del capó y se acercaba a él:
- Por eso he querido que estuvieras aquí esta noche.
Mientras Luis se convertía en el tallo que comenzaba la destruccion del universo, y mientras coche, noria, curva, pinos y tabaco se disipaban al chocar contra sus trasuntos oscuros e iniciaban una mortífera reaccion en cadena, Ricardo alabó la lealtad de su amigo, que había intentado evitarle sufrimientos, y observó por última vez el mundo antes de convertirse en una enorme explosion de energía.